La arqueología data la presencia humana en la Isla Grande de Chiloé desde hace al menos 6.200 años, de acuerdo a la datación del sitio arqueológico Puente Quilo-1, ubicado en la costa norte de la isla, cerca de Ancud.
Los primeros pobladores de Chiloé fueron comunidades de cazadores, recolectores y pescadores cuya existencia giraba en torno al mar Estos grupos se desplazaban constantemente por las diversas islas del mar interior, que forma el Archipiélago de Chiloé, en la cual Quinchao destaca por su ubicación geográfica privilegiada con su posición al centro del archipiélago.

Entre los vestigios arqueológicos más relevantes de Chiloé destacan los conchales, que son depósitos de restos de moluscos, que ofrecen una ventana hacia la vida de los primeros habitantes de la zona. Estas grandes acumulaciones de conchas, formadas como desechos a lo largo de generaciones, resguardan herramientas, utensilios de caza y pesca, e incluso restos humanos. Gracias a ellos, es posible reconstruir el día a día de estas comunidades prehistóricas, cuya supervivencia dependía de la recolección de algas y mariscos, la pesca y la caza de lobos marinos.
El conchal Conchas Blancas, ubicado a 3,5 km de Achao, tiene una data aproximada de 5.500 años (Ecoceanos.cl. 21.05.2020). En este conchal también se encontraron osamentas humanas, restos que fueron sacados al continente para su posterior estudio. Lamentablemente los restos fueron extraviados, lo que ha generado preocupación por parte de las comunidades locales que aspiran a su restitución, además de contar con protección del sitio arqueológico.

Antecedentes históricos de la isla de Quinchao
La historia de Quinchao sigue los patrones sociales, económicos y culturales aplicables a todo Chiloé, aunque este territorio ha sido habitado desde hace milenios por chonos, williches y sus descendientes que luego del arribo de los europeos inician un nuevo ciclo de mestizaje cultural.
Aunque ya había sido previamente avistada por navegantes españoles, oficialmente la conquista de Chiloé se inicia en 1567 con el arribo de la expedición de Martín Ruiz de Gamboa y la fundación de Castro en 1567, “y más tarde Calbuco, Maullín, Carelmapu, Achao, Chonchi y Cailín” (Arqueología de Llanquihue y Chiloé. U. Austral. 2024).
Con el proceso de conquista, la población quedó sometida a un sistema de trabajo forzoso, llamado encomienda, que además aprovechaba la estructura social existente entre la población aborigen, que ya tenía distribuida la tierra a través de un entramado social que ayudará a los encomenderos españoles a controlar de mejor forma las zonas pobladas.
Con la llegada de los conquistadores, diversas órdenes religiosas se asientan en Chiloé, dejando una huella cultural que perdura hasta hoy. Los jesuitas fueron los más influyentes, quienes a partir de 1608, implementan un sistema de evangelización que forjó una identidad católica profunda entre la población aborigen y mestiza, mediante la construcción de iglesias, capillas y la instauración de diversas festividades religiosas. Sin embargo, este nuevo orden también marcó el inicio de una explotación masiva de recursos —como madera, productos agrícolas y marinos— que benefició principalmente a los encomenderos y a la propia Compañía de Jesús.
La Compañía de Jesús tenía una enorme ambición económica, lo que incide en sus planes de educación de los indígenas para mano de obra en la producción agrícola, artesanal y agroindustrial. Esto les permitió adquirir un enorme patrimonio económico, lo que finalmente provoca la expulsión de la orden y la incautación de sus bienes por la corona española en 1767.
Todavía durante la conquista sobrevivían reducidos grupos del pueblo Chono, hoy extinto como cultura. En 1710 los jesuitas trasladaron 300 familias chonas a la isla Guar, al norte de Calbuco. “Años más tarde, los trasplantaron a las islas desiertas de Chaulinec y Apiao”, actualmente parte de la Comuna de Quinchao. (Turistel Zona Sur. 2008)
A pesar del nuevo elemento religioso, el catolicismo, que ayudaba a la cohesión social de los habitantes de Chiloé, en 1712 se produce el gran alzamiento williche que se origina en los malos tratos que daban españoles y sus descendientes a las familias indígenas.
Casi un siglo más tarde, durante la lucha de independencia, Chiloé es el último territorio liberado por cuanto la rendición española se produjo el 19 de enero de 1826, casi 8 años después de la Independencia de Chile. Por ello con el Tratado de Tantauco, Chiloé es incorporado solemnemente a Chile.
Patrimonio cultural
El patrimonio cultural de la Isla de Quinchao es uno de los más ricos y representativos del Archipiélago de Chiloé, destacando su herencia religiosa, su arquitectura en madera y sus tradiciones vivas.
Destacan dentro del patrimonio cultural de la Isla de Quinchao, la iglesia Santa María de Loreto de Achao una de las construcciones de madera más antiguas de Chile, y que junto con la iglesia de Quinchao y Caguach, forman parte del grupo de iglesias chilotas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.
Sin embargo el patrimonio arquitectónico trasciende a las iglesias. Tanto en Achao como Curaco de Vélez, los principales poblados de la isla, se puede apreciar el uso extendido de la tejuela tanto en las fachadas de las casonas tradicionales, como también en sencillas construcciones de galpones o cabañas.

Patrimonio Natural
En relación al patrimonio natural, la Isla de Quinchao dispone de gran diversidad, con paisajes terrestre de lomas suaves y borde marinos surcado de humedales. Este ecosistema es un refugio vital para aves migratorias, que encuentran en sus costas un lugar de descanso y alimentación.
El humedal de Curaco de Vélez es un ecosistema de vital importancia, reconocido como un sitio para la conservación de aves playeras. Este espacio, a metros de la plaza de la ciudad, se caracteriza por sus extensas planicies de marea, también denominadas “playas de lodo”, que quedan expuestas durante la bajamar, dejando nutrientes para la avifauna del lugar.

El Humedal de Quinchao, ubicado muy cerca de la imponente Iglesia declarada Patrimonio de la Humanidad, constituye un ecosistema donde la naturaleza y la cultura se encuentran. En este espacio se producen mareas, que transforma el paisaje diariamente creando un hábitat privilegiado para el desarrollo de la vida de diversas especies de aves.

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