
Nos encontramos con Sergio Colivoro Barría en su Museo del Acordeón de Chonchi, cerca del puerto y de la hermosa iglesia de la ciudad. Se define como “músico tradicional y reparador de acordeones”, de las cuales ha logrado juntar cerca de 100, de todos los colores y tamaños, así como de formatos (de teclado o botones) en el Museo. Algunos tocan muy bien, otros ya no… Su instrumento más valioso monetariamente en un acordeón italiano de 120 bajos que avalúa en 5 millones de pesos.
Nació en 1955 “nacido y criado en Chonchi”, es casado y con dos hijos, toca desde los 12 años, siguiendo a su padre. Lo suyo es de familia de músicos, partió con su padre como autodidacta en la reparación de acordeones y en música, y ya van en la cuarta generación de músicos. Su hija es Profesora Básica e integra el Conjunto Angelmó, su hijo también es músico.
De ascendencia paterna mapuche, su madre no tocaba instrumentos, aunque los Barría de Castro “eran todos músicos”. Recuerda que una profesora le entregó su primer acordeón, y de ahí no paró más, tocando en toda clase de eventos, “nunca gratis”, y de esta forma pudo vivir de la música. En sus años de juventud tocaba junto a sus hermanos paso doble, polka, cueca, vals, tango, bayon (baile tradicional brasileño), rock’n roll, twist.
Prefiere hablar de tradición en vez de folklore, entendiendo que nuestro patrimonio abarca el hablar, comer, lo cotidiano. Según su opinión, “la música lleva muchos ingredientes” y no hay un ritmo “chileno”.
Aunque es principalmente intérprete, Sergio ha compuesto melodías de autoría propia, como un valcecito campero que nos comparte, y nos hace notar que el vals chilote es más rápido que el de origen alemán, que heredamos de la tradición argentina.
Ha trabajado formando músicos en 7 comunas de Chiloé, ha enseñado a más de 300 músicos, tanto hombres como mujeres, el arte del acordeón, por lo que puede decirse que gracias a eso “el acordeón sigue vivo en la Isla”.

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